miércoles, 28 de octubre de 2015

VIAJE DE VERANO / Día 31: 20 de agosto de 2015

BIARRITZ - SOMO (SANTANDER)



   Tras la cena de ayer y el paseo, nos dormimos felices casi imaginando lo que veríamos al despertar. El aparcamiento junto a la playa, cobraba vida con tablas, bañadores, toallas y conversaciones en distintos idiomas.
   Desayunamos y bajamos la empinadísima cuesta hasta la playa. El agua estaba fría y limpia. Los primeros bañistas disfrutaban ya de las olas y la arena.
   Nos llamó la atención esta manera tan exacta de detallar todo lo necesario para disfrutar de un buen día de playa. ¡Menuda precisión!


   Se veía tan bonita junto a la orilla...
   Saliendo de Biarritz, las retenciones en la carretera dirección a España eran de kilómetros y kilómetros por lo que decidimos meternos en la autopista.

   Ya en España, felices en nuestra tierra aunque nostálgicos de lo vivido en Francia... Llenamos el depósito a un precio inmejorable.
Próximos a la hora de comer, intentamos aparcar cerca del restaurane de Karlos Arguiñano, pero tampoco en esta ocasión fue posible. Lejos ya de este pequeño contratiempo, dimos la vuelta a nuestra visión del vaso y pensamos que así hay una razón para volver y que... seguro que  a la tercera va la vencida.
   Comimos maravillosamente bien en un restaurante de carretera y continuamos dirección a Santander.
  
 ¡Qué bonita carretera bordeando el mar! ¡Qué baile de azules y verdes!

   Sin duda el País Vasco esconde rincones sorprendentes, quizá sea para nosotros un poco desconocido. Ojalá pronto podamos volver.

  Estábamos a unos 10 km de Somo y vimos un área de vaciado, allá fuimos. Miré a Jorge y él me dijo "Aquí comenzó todo". Fueron unos segundos mágicos en los que el tiempo pareció detenerse.
   Hace ya dos años, en nuestro viaje de verano hicimos una parada en Somo para ver a mis primos: José Miguel, Miriam y la pequeña Cloe. Disfrutaban de la playa y las olas en su furgo camper. Aquello fue para nosotros todo un descubrimiento, un tesoro que ya jamás podrá salir de nuestras vidas. A ellos les debemos el comienzo de esta ilusión que ha cambiado nuestro modo de viajar, de sentir y de vivir. Gracias primos.


   Caía el sol cuando llegamos a la playa, aparcamos en la misma calle en la que ellos estaban. Todo era mágico.

   ¡ Por vosotros estas cañas! A vuestra salud.

   Nos pusimos el bañador y sin pensarlo, nos metimos en el mar.

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