lunes, 5 de octubre de 2015

VIAJE DE VERANO / Día 28: 17 de agosto de 2015

CAEN - SAINT MICHEL


   Dormimos en el aparcamiento de este gran centro comercial, despedirnos de Álvaro además de tristeza suponía el inicio de nuestro regreso. Caen era el punto de inflexión, el principio del fin de nuestro viaje comenzaba ya.
   Poco a poco fue tomando vida y el ruido de los coches y la música y el sonido de los carros de la compra sobre el asfalto...

   En Francia, los conductores que acaban de sacar el carné de conducir llevan una pegatina con una A mayúscula y roja. Es la A de aprendices lo cual, y sin que nadie se ofenda, me parece mucho más coherente que la L que nosotros hemos tomado literalmente del inglés.
   Generalmente, conducen bien y respetan las señales. Lo único que he visto que no cumplen es la normativa que se refiere a las matrículas en remolques y caravanas. Varios coches con un cartón amarrado al portabicis y a rotulador los números de la placa y una caravana con distinta matrícula que el coche que la llevaba. Aquí, eso no se permite y seguro que allí tampoco, pero ahí iban,  circulando alegremente.

   Tras una mañana de compras, comimos según su horario y volvimos a las tiendas.

   A la entrada, esta bonita casita nos recuerda la importancia de reciclar y conservar el entorno. Ellos son especialmente cuidadosos en la selección de los residuos.

   Libros, cuentos... y estos deliciosos yogures que tengo voy a echar de menos.
   Ya de nuevo en la carretera, pensamos en hacer kilómetros, pero... al ver la señal que indicaba el desvío a Saint Michel, allá nos fuimos.

   Ya era noche y esta vez entramos con la furgoneta, la aparcamos delante de uno de los hoteles y cogimos el autobús. Me hacía mucha ilusión verlo iluminado en la noche.

   Su silueta se dibujaba perfecta en la oscuridad.

   Como había tanta tanta gente esperando al autobús, regresamos caminando a la furgoneta por la pasarela. Unos 35 minutos a paso ligero parando y volviendo la vista atrás para seguir contemplando su hermosura y el reflejo en el agua.


      Recogimos la furgoneta y nos fuimos a unos tres kilómetros, en el aparcamiento de una tienda grande de souvenirs fuera de la valla, en la que permiten pernoctar, dormir fue un sueño de magia y recuerdo.

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