miércoles, 5 de agosto de 2015

VIAJE DE VERANO / Día 11: 31 de julio de 2015

ANDORRA - TOULOUSE         

Descansamos muy bien y, aunque llovía a ratos, parecía que el cielo nos iba a dar una tregua.

   Desayunamos con calma y con todo listo, recorrimos el aparcamiento viendo los distintos modelos de autocaravanas y furgonetas. Entre ellas, una nos llamó poderosamente la atención pues llevaba en el gancho un Smart y al volante de éste, ni más ni menos que...

   Eran holandeses, pregunté si podía hacer una foto pensando en mi ahijada y sonrientes y orgullosos, prestos abrieron la puerta para que pudiese verlo mejor. 

   Nos despedimos del río que bajaba escandalosamente y del área. Yo quería ir a una farmacia y nuevamente habría que ir a un súper, por lo que, tomamos dirección hacia Andorra la Vella. 
   Reflexionaba yo sobre la idea de que este pequeño Principado debe tener todo lo que tiene nuestro Estado. Imaginaba mientras circulábamos por sus calles cómo sería la vida aquí. 
   Esta vez vimos más que hace dos años. 

   El edificio de Radiotelevisión de Andorra, el polideportivo, el Gobierno y el hotel en el que estuvimos. 

   Sin duda, Andorra la Vella es una ciudad moderna en cuanto a tiendas y firmas. Hay gente de todos los lugares y nacionalidades pidiendo verse aquí modelos originales de camper entre otras muchas novedades. 

   Mi compra en la farmacia fue un éxito total, todo un triunfo en cuanto a precios. Llevo cremas para mí y para mi madre y tratamientos para todo el año por menos dinero del que allá costarían. 
   Satisfechos entramos en el E. Leclerc del centro, junto q la farmacia otra sorpresa nos aguardaba. 

   Increíble, comida de hoy y mañana solucionada. 
   Con todo recogido y una pequeña sobremesa, arrancamos para FRANCIA. Abandonando Andorra la Vella, nos encontramos con pueblecitos llenos de encanto, quizá los grandes desconocidos. 
   En Encamp vimos el teleférico. 

   Pequeños rincones con encanto y preparados para los deportes de invierno entre montañas y pequeños riachuelos.    

   De ellos llamaba la atención el color tan oscuro de la piedra en las edificaciones. 

   Estaciones con las telesillas y unas empinadas pistas ahora tan verdes en espera de la blanca nieve. 

   Comenzamos la subida pensando en cruzar a Francia por carretera y obviar el túnel. 

   Serían 11 km y unas vistas espectaculares. 

   Tras haber ascendido un par de ellos, le dije a Jorge que pensaba que sería mejor coger el túnel. Me asustaba la idea de la niebla en una carretera peligrosa y desconocida. 
   Aunque la decisión hiciese que perdiésemos colinas y panorámicas, mi corazonada nos llevó al peaje.  

   11,60€ para una distancia relativamente corta, pero los túneles son así. 
   Y a pocos kilómetros, la aduana. 

   Pasamos sin problema y, tampoco en esta ocasión nos pararon ni nos pidieron ver el interior. 
   Obras en una carretera llena de curvas y un helicóptero que emergió de la niebla para abastecerles de agua como si de una película de acción se tratase. 

   Valles, curvas y montañas. 

   Estábamos en Francia!

   Al poco de cruzar la aduana, vimos áreas y así está siendo a lo largo de todo el viaje. 

   Pequeños pueblecitos en nuestro camino hacia TOULOUSE. 

   Y nuevo tramo de autopista. 

   Qué bien preparadas están! (Lamento no tener signo de admiración al comienzo) A cada pocos kilómetros encuentras una. 

   Paramos en el área de Rosenfond para merendar, ya nos quedaban pocos kilómetros para el destino en el que pasaríamos la noche y que yo desconocía pues nuevamente era una sorpresa. 

   Continuaba lloviendo, salimos de la autopista. 

   ... Y llegamos al destino: LA CITÉ DE L'ESPACE. 


   Menuda sorpresa!
   Aparcamos y la vimos desde afuera. 

   Abrían a las diez y allí estaríamos. 

   El lugar era ideal y nos habían dicho que muy tranquilo para pasar la noche. 

   Paseamos por el parque y dormimos mirando a la nave que nos llevaría a otra galaxia.

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